Para Gabriel Rufián,
Lo que estás impulsando no es solo loable, también necesario y urgente. Porque estamos en un momento histórico en el que la izquierda no puede permitirse ni más errores, ni más egos, ni más cálculos cortoplacistas. La alternativa es clara: o construimos una mayoría social y política sólida, o dejamos el país en manos del bloque reaccionario durante una generación.
Siempre te he considerado una persona sensata, honesta y profundamente comprometida, y mantengo un respeto sincero hacia las fuerzas independentistas. Precisamente por eso, creo que tu propuesta merece ir un paso más allá y asumir con claridad una premisa central:
La unidad debe construirse exclusivamente entre fuerzas de ámbito estatal.
IU, Podemos, Sumar, Más País y todas aquellas organizaciones que quieran comprometerse de forma firme con un proyecto de país basado en la democracia, los derechos sociales, el feminismo, la justicia fiscal y la defensa radical del Estado del bienestar frente al desmantelamiento neoliberal que sufrimos desde hace décadas.
No necesitamos más consignas vacías ni dogmas que ya no interpelan a nadie. La ciudadanía exige propuestas concretas, ambiciosas y profundamente desarrolladas: vivienda pública real y masiva, sanidad y educación blindadas constitucionalmente, políticas de cuidados universales, protección efectiva a la infancia, dignidad para nuestros mayores y una transición ecológica que no vuelva a recaer sobre los mismos de siempre.
La candidatura unitaria debería asumir una lógica clara y valiente:
no presentarse en aquellas provincias donde ya existen fuerzas autonómicas sólidas y coherentes con este proyecto. No competir contra ellas, sino reforzarlas explícitamente.
En Galicia, al BNG.
En Catalunya, a los Comuns.
Este planteamiento es difícil. Mucho. Y precisamente por eso es imprescindible.
La primera dificultad es la renuncia al poder institucional. Ceder espacios municipales y autonómicos en favor de un proyecto común exige una generosidad estratégica que muy pocas organizaciones están dispuestas a asumir. Pero la experiencia es clara: sin renuncia, no hay unidad; sin unidad, no hay victoria.
La segunda dificultad es la arquitectura interna del proyecto:
– listas
– cargos
– control territorial
– liderazgos
Aquí no podemos seguir actuando como si nada hubiera pasado. Yolanda Díaz ha sido una ministra excepcional, pero la gestión política de Sumar y de sus listas ha dañado gravemente su liderazgo. Irene Montero es una de las figuras más brillantes, valientes y coherentes de nuestra izquierda, pero su figura genera resistencias internas que dificultan la construcción de consensos amplios. Y tú mismo, pese a tu enorme valía, puedes encontrar rechazo en sectores no independentistas, aunque para muchos eso no suponga ningún problema.
Lo que nos lleva al tercer obstáculo, el más profundo y decisivo:
¿Tenemos hoy una figura capaz de generar ilusión transversal?
¿O esa figura existe, pero aún no hemos sido capaces de reconocerla y construirla colectivamente?
Necesitamos con urgencia un liderazgo que una, no que fragmente; que ilusione, no que polarice; que construya país, no trincheras internas. Una figura capaz de representar un proyecto de transformación profunda y creíble, no una simple suma de siglas.
O damos este salto histórico, o seguiremos atrapados en la irrelevancia estratégica mientras la derecha y la ultraderecha avanzan sin freno.
Te traslado estas reflexiones con ánimo constructivo, con lealtad política y con la convicción de que este debate no puede seguir postergándose. Nos va el país en ello.
Sabes que, pase lo que pase, siempre estaré en tu equipo.
Y para no perder tiempo en banalidades, ahí va el nombre del proyecto:
UNIR
Unión Nacional de Izquierdas Republicanas




















